Siddons me devolvió en avión a Guweira esa tarde, y por la noche en Ácaba le conté a Dawnay, recién llegado, que la vida era plena, pero transcurría con suavidad. A la mañana siguiente supimos por medio de un aeroplano cómo le había ido a la fuerza de Buxton en Mudowwara. Decidieron asaltarla antes del alba principalmente por medio de bombarderos, en tres grupos, uno para entrar en la estación y los otros dos para los reductos principales.
Por consiguiente, antes de la medianoche se tendieron cintas blancas como guías hacia el punto cero. La apertura se había programado para las cuatro menos cuarto, pero el camino resultó difícil de encontrar, de modo que la luz del día casi los alcanzó antes de que las operaciones comenzaran contra el reducto meridional.
Después de que varias bombas estallaran dentro y en sus alrededores, los hombres se precipitaron y lo tomaron con facilidad, para descubrir que el equipo de la estación había logrado su objetivo un instante antes.
Estas alarmas despertaron al reducto central, pero solo para la derrota. Sus hombres se rindieron veinte minutos más tarde.
El reducto norte, que contaba con un cañón, parecía más animado y salpicaba libremente con sus disparos el patio de la estación y a nuestras tropas. Buxton, al amparo del reducto sur, dirigía el fuego de las piezas de Brodie que, con su habitual y pausada precisión, enviaban obús tras obús. Siddons acudió con sus máquinas y lo bombardeó, mientras el Cuerpo de Camellos desde el norte, el este y el oeste sometía los parapetos a un intenso fuego de ametralladoras Lewis.