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nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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XLIV

Estaba demasiado cansado, y con muy pocas ganas de aventuras, como para desiarme del camino recto por todas las bestias raras del mundo; así que cabalgué tras la caravancera, a la que mi camello dio alcance rápidamente con su tranco más largo.

A la cola iban mis hombres, a pie. Temían que algunos de sus animales estuvieran muertos antes del anochecer si el viento soplaba con más fuerza, pero los llevaban de la brida con la esperanza de poder meterlos.

Admiré el contraste entre Mohammed, el campesino vigoroso y de pies pesados, y el ágil Ageyl, con Farraj y Daud bailando a lo largo del camino, descalzos, delicados como purasangres.

Solo Gasim no estaba allí: creían que se encontraba entre los Howeitat, pues su mal humor ofendía a la soldadesca risueña y lo mantenía por lo común con los beduinos, que eran más de su calaña.

No había nadie detrás, así que avancé deseando ver cómo estaba su camello; y al fin lo encontré, sin jinete, siendo llevado por uno de los Howeitat. Sus alforjas estaban en él, y su fusil y su comida, pero él por ninguna parte; poco a poco fuimos comprendiendo que el infeliz hombre se había perdido.

Este era un asunto terrible, pues en la bruma y el espejismo la caravana no se podía ver a dos millas, y sobre el suelo de hierro no dejaba huellas: a pie jamás nos alcanzaría.

Todos habían seguido marchando, creyéndole en otra parte de nuestra dispersa fila; pero había pasado mucho tiempo y era casi mediodía, así que debía de estar a millas de distancia.

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