Abdula, su político segundo hijo, debía tantear a los británicos por carta para conocer cuál sería su actitud ante una posible revuelta árabe contra Turquía.
Faysal informó en enero de 1915 de que las condiciones locales eran buenas, pero que la guerra general no iba bien para sus esperanzas.
En Damasco había tres divisiones de tropas árabes dispuestas para la rebelión. En Alepo otras dos divisiones, plagadas de nacionalismo árabe, con toda seguridad se sumarían si las otras comenzaban. Solo había una división turca de este lado de los Tauros, por lo que era seguro que los rebeldes se apoderarían de Siria al primer intento.
Por otra parte, la opinión pública estaba menos preparada para medidas extremas, y la clase militar estaba completamente segura de que Alemania ganaría la guerra y la ganaría pronto. Si, sin embargo, los Aliados desembarcaban su Expedición Australiana (que se estaba preparando en Egipto) en Alejandreta, protegiendo así el flanco sirio, entonces sería prudente y seguro arriesgarse a una victoria alemana definitiva y a la necesidad de hacer antes una paz por separado con los turcos.
Hubo retraso, ya que los Aliados fueron a los Dardanelos, y no a Alejandreta. Faysal fue tras ellos para conocer de primera mano las condiciones de Galípoli, ya que el colapso de Turquía sería la señal para los árabes.
Luego sobrevino el estancamiento durante los meses de la campaña de los Dardanelos. En aquel matadero fue destruido el resto del ejército de primera línea otomano. El desastre que supusieron para Turquía las pérdidas acumuladas fue tan grande que Faysal regresó a Siria, juzgando que era un momento propicio para dar el golpe, pero descubrió que entretanto la situación local se había vuelto desfavorable.
Sus partidarios sirios estaban arrestados o escondidos, y sus amigos eran ahorcados por decenas bajo cargos políticos. Encontró que las divisiones