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nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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VI

Habían pasado muchos años desde que recorrí el Oriente semítico antes de la guerra, aprendiendo las costumbres de los aldeanos, de los miembros de las tribus y de los ciudadanos de Siria y Mesopotamia. Mi pobreza me había obligado a mezclarme con las clases más humildes, aquellas a las que rara vez se cruzan los viajeros europeos, y así mis experiencias me brindaron un insólito ángulo de visión, que me permitió comprender y pensar tanto por la ignorada multitud como por los más ilustrados cuyas escasas opiniones importaban, no tanto para el día, como para el mañana.

Además, había presenciado algo de las fuerzas políticas que operaban en las mentes del Oriente Medio, y especialmente había observado por todas partes indicios seguros de la decadencia de la Turquía imperial.

Turquía se moría de sobreesfuerzo, del intento, con recursos menguados, de retener, en términos tradicionales, todo el Imperio que le había sido legado. La espada había sido la virtud de los hijos de Otmán, y las espada habían pasado de moda hoy en día, en favor de armas más mortíferas y científicas. La vida se estaba volviendo demasiado complicada para este pueblo infantil, cuya fuerza había residido en la sencillez, y en la paciencia, y en su capacidad de sacrificio. Eran la más lenta de las razas de Asia Occidental, poco aptas para adaptarse a las nuevas ciencias del gobierno y de la vida, y menos aún para inventar nuevas artes por sí mismas. Su administración se había convertido por fuerza en un asunto de archivos y telegramas, de alta finanzas, eugenesia, cálculos. Inevitablemente, los viejos gobernantes, que habían gobernado por la fuerza de las armas o la fuerza del carácter, analfabetos, directos, personales, tenían que desaparecer. El poder fue transferido a hombres nuevos, con la agilidad y la flexibilidad para doblegarse ante la maquinaria. El comité superficial y semipulido de los Jóvenes Turcos era

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