Codal
nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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LXVII

que no sufriría ningún daño. Los turcos estaban a punto de llegar y recuperarían lo que quedaba del tren. Ella lo aceptó y me suplicó que encontrara a su vieja negra para traerle agua. La esclava llenó una taza del surtidor del ténder de la primera locomotora (agua deliciosa, con la que Lewis estaba calmando su sed) y luego la conduje ante su agradecida ama. Meses después llegó a mí en secreto desde Damasco una carta y una agradable alfombrita baluchi de parte de la señora Ayesha, hija de Jellal el Lel, de Medina, en recuerdo de un encuentro extraño.

Ahmed nunca trajo los camellos. Mis hombres, poseídos por la avaricia, se habían dispersado por la tierra con los beduinos. Los sargentos y yo estábamos solos junto al naufragio, que ahora tenía un silencio extrañísimo.

Empezamos a temer que tendríamos que abandonar los cañones y huir a la carrera, pero justo en ese momento vimos dos camellos que regresaban a toda prisa. Zaal y Howeimil me habían perdido de vista y habían vuelto en su búsqueda.

Íbamos enrollando el cable aislado, nuestra única pieza. Zaal desmontó de su camello y quiso que yo montara y fuera a caballo; pero, en vez de eso, lo cargamos con el cable y el detonador. Zaal encontró tiempo para reírse de nuestro pintoresco botín, después de todo el oro y la plata del tren. Howeimil estaba cojo perdido por una vieja herida en la rodilla y no podía caminar, pero hicimos que arrodillara a su camello y alzamos las ametralladoras Lewis, atadas culata con culata a modo de tijeras, detrás de su silla. Quedaban los morteros de trinchera; pero Stokes reapareció, llevando torpemente de la nariz a un camello de carga que había encontrado

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