Este remiendo del coche nos retrasó durante horas, y al terminar dormimos en Umtaiye, confiados en que, saliendo antes del alba, no llegaríamos muy tarde para encontrarnos mañana con Nuri Said en la línea de Damasco: y podríamos decirle que, durante una semana, la línea de Amán estuvo clausurada por la pérdida de un puente principal.
Este era el flanco de refuerzo más rápido para Deraa, y su muerte puso a salvo nuestra retaguardia. Incluso habíamos ayudado al pobre Zeid, allá atrás en Aba el Lissan: pues los turcos concentrados en Tafila detendrían ese ataque hasta que sus comunicaciones estuvieran abiertas de nuevo.
Nuestra última campaña comenzaba bajo auspicios favorables.