para satisfacer sus necesidades. A la Misión Militar Francesa (cuya presencia en el Hiyaz había sugerido la prudencia de Clayton para calmar a nuestros muy suspicaces aliados, llevándoles tras bambalinas y dándoles allí un propósito) se le permitió llevar a cabo una elaborada intriga contra el jerife Huséin en sus ciudades de Yida y La Meca, y proponerle tanto a él como a las autoridades británicas medidas que habrían arruinado su causa ante los ojos de todos los musulmanes. Wingate, que ahora tenía el control militar de nuestra cooperación con el jerife, fue persuadido para desembarcar algunas tropas extranjeras en Rabigh, a medio camino entre Medina y La Meca, para la defensa de esta última y para frenar el nuevo avance de los revitalizados turcos desde Medina. McMahon, en medio de la multitud de consejeros, se confundió y dio pie a Murray para clamar contra sus contradicciones. La revuelta árabe quedó desacreditada; y los oficiales de Estado Mayor en Egipto nos profetizaban jubilosos su inminente fracaso y que el cuello del jerife Huséin acabaría estirado
Mi posición particular no era fácil. Como capitán de Estado Mayor a las órdenes de Clayton, en la Sección de Inteligencia de Sir Archibald Murray, estaba encargado de la «distribución» del ejército turco y de la confección de mapas. Por inclinación natural había añadido a mis obligaciones la invención del Arab Bulletin, un boletín semanal secreto sobre la política de Oriente Medio; y, por necesidad, Clayton requería cada vez más de mis servicios en el ala militar de la Arab Bureau, el diminuto equipo de inteligencia y de Estado Mayor para asuntos exteriores que por entonces estaba organizando para McMahon. A la postre, Clayton fue apartado del Estado Mayor General; y el coronel Holdich, oficial de inteligencia de Murray en Ismailia, ocupó su puesto al mando de