El alba nos sorprendió cruzando un empinado y corto desfiladero que salía del uadi Kitan hacia el valle de drenaje principal de estas colinas sucesivas.
Nos desviamos hacia el uadi Reimi, un afluente, para conseguir agua. No había un pozo propiamente dicho, sino un agujero de filtración en el lecho pedregoso del valle; y lo encontramos en parte gracias al olfato: aunque el sabor, si bien igual de repugnante, era curiosamente distinto al olor.
Llenamos de nuevo los odres. Arslan horneó pan y descansamos durante dos horas.
Luego seguimos a través del uadi Amk, un valle verde y accesible que hacía cómoda la marcha para los camellos.
Cuando el Amk torció hacia el oeste lo cruzamos, ascendiendo entre montones de granito gris y alabeado (parecido al caramelo frío) que abundaba en el interior del Hiyaz.
El desfiladero culminaba al pie de una rampa y una escalinata naturales: muy rotas, tortuosas y difíciles para los camellos, pero cortas.
Después estuvimos en un valle abierto durante una hora, con colinas bajas a la derecha y montañas a la izquierda. Había pozos de agua en los riscos y tiendas de campaña de los merawin bajo los hermosos árboles que salpicaban el llano.
La fertilidad de las laderas era grande: en ellas pastaban rebaños de ovejas y cabras. Conseguimos leche de los árabes: la primera leche que mis ageyl habían probado en los dos años de sequía.