Codal
nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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XXXVI

Una vez Abdullah le voló de un tiro una cafetera de la cabeza tres veces desde veinte yardas, y luego premió su servilismo de largo sufrimiento con tres meses de paga.

Abdullah montaba a caballo un rato a veces, o tiraba un poco con arco, y regresaba agotado a su tienda para recibir masajes; y después hacían entrar a recitadores para calmar su cabeza dolorida.

Le gustaba la poesía árabe y estaba excepcionalmente bien leído. Los poetas locales lo encontraban un público provechoso. También se interesaba por la historia y las letras, y celebraba disputas gramaticales en su tienda y adjudicaba premios en metálico.

Fingía no importarle la situación del Hiyaz, considerando la autonomía de los árabes como garantizada por las promesas de la Gran Bretaña a su padre, y apoyándose con tranquilidad en este puntal.

Anhelaba decirle que el anciano demente no había obtenido de nosotros ningún compromiso concreto ni incondicional de clase alguna, y que su barco podía encallar en el banco de arena de su estupidez política; pero eso habría sido delatar a mis amos ingleses, y el tira y afloja mental entre la honradez y la lealtad, tras oscilar un momento, volvió a instalarse convenientemente en un punto muerto.

Abdulla manifestó un gran interés por la guerra en Europa y la siguió de cerca en la prensa. También estaba al corriente de la política occidental y se sabía de memoria las cortes y los ministerios de Europa, hasta el nombre del presidente suizo.

Observé una vez más cuánto contribuía a la reputación de Inglaterra en este mundo de Asia la cómoda circunstancia de que todavía tuviéramos un rey. Sociedades antiguas y artificiales como la de los jerifes y los jefes feudales de Arabia hallaban una sensación de honorable seguridad al tratar con nosotros en esa prueba de que el puesto más alto de nuestro Estado no era un premio al mérito o a la ambición.

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