Codal
nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
Página 758 de 1034
Table of Contents

LXXXIX

con temor por el empinado sendero hacia la llanura, a lo través de la cual aún se extendía la calzada romana con sus grupos de mojones caídos, inscritos por emperadores famosos.

Desde esta llanura, los dos pusilánimes que venían conmigo se deslizaron de regreso con sus compañeros en la colina del castillo. Yo avancé, alternativamente montado y a pie de mi camello, como el día anterior, aunque ahora el camino era demasiado resbaladizo, excepto sobre el antiguo pavimento, la última huella de la Roma Imperial que antaño había jugado, con mucha más preciosidad, a ser el turco para los moradores del desierto.

Sobre él podía cabalgar: pero tuve que caminar y vadear las hondonadas donde las crecidas de catorce siglos habían arrastrado los cimientos del camino. La lluvia comenzó a caer y me empapó, y luego sopló fina y helada hasta que crují con una armadura de seda blanca, como un caballero de teatro: o como un pastel de bodas, duro de glaseado.

El camello y yo cruzamos la llanura en tres horas; un andar maravilloso, pero nuestros problemas no habían terminado.

La nieve era efectivamente como mis guías habían dicho, y ocultaba por completo el sendero, que serpenteaba cuesta arriba entre muros y zanjas, y montones confusos de piedras.

Me costó una infinidad de sufrimientos doblar las primeras dos esquinas. Wodheiha, cansada de vadear hasta sus nudosas rodillas en esa inútil materia blanca, comenzó a decaer perceptiblemente.

Sin embargo, subió un trecho empinado más, solo para desviarse del borde del sendero en un lugar con taludes. Caímos juntos unos dieciocho pies ladera abajo en un ventisquero de nieve congelada de un metro de profundidad.

Tras la caída, se puso en pie gimoteando y se quedó quieta, temblando.

758