que nuestros hombres odiaran al enemigo por lo general hacían que odiaran el combate. En efecto, Foch había echado por tierra su propio argumento al decir que tal guerra dependía de la leva en masa, y que era imposible con ejércitos profesionales; mientras que el viejo ejército seguía siendo el ideal británico, y sus modales, la ambición de nuestra tropa. Para mí, la guerra de Foch parecía tan solo una variedad exterminadora, no más absoluta que cualquier otra. Con la misma justificación se la podría haber llamado «guerra de asesinato».
Clausewitz enumeró toda clase de guerras … guerras personales, duelos por delegación conjunta, por motivos dinásticos … guerras expulsivas, en la política partidista … guerras comerciales, por objetivos mercantiles … dos guerras rara vez parecían iguales. A menudo los bandos no conocían su objetivo y avanzaban a tientas hasta que el curso de los acontecimientos tomaba el control. La victoria, por hábito general, se inclinaba hacia los clarividentes, aunque la fortuna y una inteligencia superior podían embrollar tristemente la ley «inexorable» de la naturaleza.