relevo. Newcombe, el coronel de carrera enviado al Hiyaz como jefe de nuestra misión militar, había llegado a Egipto, y sus dos oficiales de estado mayor, Cox y Vickery, venían ya por el mar Rojo para unirse a esta expedición.
Boyle me llevó a Um Lejj en el Suva, y bajamos a tierra para informarnos. El jeque nos dijo que Faysal llegaría hoy a Bir el Waheidi, el abrevadero, a cuatro millas tierra adentro.
Le mandamos un recado y luego fuimos caminando hacia el fuerte que Boyle había bombardeado unos meses antes desde el Fox. Era poco más que un cuartel en ruinas, y Boyle miró los escombros y dijo:
«Me da un poco de vergüenza haber destrozado un sitio tan poca cosa».
Era un oficial muy profesional, alerta, eficiente y formal; a veces un poco intolerante con las cosas y la gente relajada. Los hombres pelirrojos rara vez tienen paciencia. «Ginger Boyle», como lo llamaban, era de sangre caliente.