Codal
nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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CXVIII

De modo que, al verme llegar a caballo muy fresco, se quedó asombrado y preguntó cuándo habíamos salido de Deraa.

«Esta mañana».

Se le cayó el ánimo a los suelos. «¿Dónde pararán esta noche?».

«En Damasco», dije alegremente; y seguí cabalgando, tras haberme ganado otro enemigo.

Me dolía un poco jugar sucio, pues era generoso con mis deseos; pero lo que nos jugábamos era mucho, iba más allá de su comprensión, y no me importaba lo que pensara de mí con tal de que ganáramos.

Regresé con Stirling y continuamos la marcha. En cada pueblo dejamos notas para las vanguardias británicas, informándoles de dónde nos encontrábamos y a qué distancia de nosotros estaba el enemigo. A Stirling y a mí nos irritaba ver la cautela del avance de Barrow; exploradores explorando valles vacíos, secciones coronando cada colina desierta, una pantalla desplegada con tanta precaución sobre un territorio amigo. Ello marcaba la diferencia entre nuestros movimientos seguros y los procesos vacilantes de la guerra normal.

No podía haber ninguna crisis hasta Kiswe, donde debíamos encontrarnos con Chauvel, y donde la línea del Hiyaz se acercaba a nuestro camino.

Sobre el ferrocarril estaban Nasir, Nuri Shaalan y Auda, con las tribus; hostigando todavía a aquella columna de cuatro mil hombres (pero en verdad más cerca de siete mil) señalada por nuestro aeroplano cerca de Sheikh Saad tres atareados días atrás. Habían luchado sin cesar durante todo este tiempo de nuestra tranquilidad.

Mientras subíamos oímos disparos y vimos metralla tras una cresta a nuestra derecha, donde estaba el ferrocarril.

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