nuestro obús de espoleta retardada. La guarnición parecía ser de unos dos hombres. Éramos ciento dieciséis fusiles y no una familia feliz. El factor sorpresa era la única ventaja de la que podíamos estar seguros.
Así que, al final, voté por que lo dejáramos, sin alarma, para una ocasión futura, que bien podría ser pronto. Pero, en realidad, un accidente tras otro salvaron a Mudowwara; y no fue hasta agosto de 1918 cuando el Cuerpo de Camellos de Buxton le infligió por fin el destino que tanto tiempo llevaba atrayendo.