una demostración de fuerza y envió mensajes urgentes a su medio hermano Zeid para que se le uniera desde Yida con refuerzos. Hussein, aterrorizado, se escabulló a las colinas convertido en un fuera de la ley. Los dos Jerifes tomaron posesión de sus pueblos. En ellos hallaron grandes arsenales de armas y comida suficiente para sus ejércitos durante un mes. La tentación de una temporada de ocio tranquilo pudo más que ellos: se instalaron en Rabegh.
Esto dejó a Feisal solo en el interior, y pronto se vio aislado, en una situación vacía, obligado a depender de sus propios recursos.
Lo soportó durante un tiempo, pero en agosto aprovechó la visita del coronel Wilson a la recién conquistada Yenbo para bajar y dar una explicación detallada de sus urgentes necesidades.
Wilson quedó impresionado con él y con su historia, y de inmediato le prometió una batería de cañones de montaña y algunas ametralladoras Maxim, que estarían a cargo de hombres y oficiales de la guarnición del ejército egipcio en el Sudán. Esto explicaba la presencia de Nafi Bey y de sus unidades.
Los árabes se regocijaron cuando llegaron, y creyeron que ahora eran iguales al turco; pero los cuatro cañones eran unos Krupp de veinte años de antigüedad, con un alcance de solo tres mil yardas; y sus dotaciones no tenían la agilidad mental ni el espíritu necesarios para la lucha irregular. Sin embargo, avanzaron con la turba y rechazaron los puestos avanzados turcos, y luego a sus reservas, hasta que Fakhri, alarmado de verdad, bajó en persona, inspeccionó el frente e inmediatamente reforzó el destacamento amenazado en Bir Abbas con unos tres mil hombres. Los turcos llevaban consigo cañones de campaña y obuses, además de la ventaja de tener terreno elevado para la observación. Comenzaron a