sus hogares. * Todavía se mantenía la independencia tribal respecto a las órdenes; pero habían alcanzado una rutina apacible en la vida de campamento y en la marcha. Cuando el jerife se acercaba, formaban una línea desaliñada y hacían juntos la reverencia y el gesto de barrer con el brazo hacia los labios, que era el saludo oficial. > No engrasaban sus rifles: decían que para evitar que la arena los atascara; además, no tenían aceite, y era mejor frotárselo en la piel para suavizar las grietas causadas por el viento; pero los rifles se conservaban decentemente y algunos de sus dueños sabían
En masa no eran formidables, ya que carecían de espíritu de cuerpo, de disciplina y de confianza mutua.
Cuanto más pequeña era la unidad, mejor era su rendimiento. Mil hombres eran una turba, ineficaces contra una compañía de turcos entrenados; pero tres o cuatro árabes en sus colinas detenían a una docena de turcos.
Napoleón observó esto de los mamelucos.
Aún nos faltaba el aliento para convertir nuestra apresurada práctica en principio: nuestras tácticas eran arrebatos empíricos de los primeros medios para escapar del apuro. Pero estábamos aprendiendo, al igual que nuestros hombres.
Desde la batalla de Nakhl Mubarak abandonamos la práctica de agrupar a las tropas egipcias con irregulares. Embarcamos a los oficiales y soldados egipcios, previa entrega de todo su equipo a Rasim, el artillero de Faisal, y a Abdulla el Deleimi, su oficial de ametralladoras. Ellos formaron compañías árabes con reclutas locales,