Codal
nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
Página 599 de 1034
Table of Contents

LXXII

Pero Awad no podía olvidar su apetito ni la nueva sensación de poder en mi caravana para satisfacerlo regularmente cada día: de modo que se revuelca por el suelo sobre el vientre masticando innumerables tallos de hierba, y hablándome de sus goces animales en frases entrecortadas con el rostro desviado, hasta que vimos la cabalgata de Ali empezando a asomarse por la cima del desfiladero.

Luego corrimos por las laderas para su encuentro, y supimos cómo había perdido cuatro camellos en el paso, dos despeñados, dos rendidos por la debilidad al subir por las repisas rocosas.

Asimismo, había vuelto a pelearse con Abd el Kader, de cuya sordera, presunción y modales groseros rogaba a Dios que lo librara. El Emir avanzaba con tanta pesadez, careciendo de sentido del camino; y se negaba rotundamente a unirse con Lloyd y conmigo en una sola caravana, por seguridad.

Los dejamos para que nos siguieran después del anochecer y, como no tenían guía, les presté a Awad. Nos volveríamos a ver en las tiendas de Auda.

Luego avanzamos por valles poco profundos y crestas transversales hasta que el sol se puso tras el último talud elevado, desde cuya cima vimos la caja cuadrada de la estación de Ghadir el Haj sobresaliendo artificialmente de la llanura, a millas y millas de distancia.

Detrás de nosotros, en el valle, había matas de retama, así que ordenamos el alto y encendimos nuestras hogueras para cenar. Esta tarde Hassan Shah ideó la agradable ocurrencia (que más tarde se convertiría en costumbre) de coronar nuestra comida con una ofrenda de su té indio. Éramos demasiado golosos y agradecidos como para negarnos, y consumimos desvergonzadamente su té y su azúcar antes de que pudieran enviarle nuevas raciones desde la base.

599