La operación de Nuri de hoy fue el golpe definitivo de los turcos, tras el cual renunciaron a intentar restablecer la línea entre Amán y Deraa. Nosotros no lo sabíamos, pero aún pesaba sobre nosotros su amenaza, y urgía poner fuera de combate un trecho todavía mayor.
En consecuencia, al amanecer siguiente, Winterton, Jemil y yo salimos en automóviles para examinar la línea al sur de la estación de Mafrak. Fuimos recibidos con fuego de ametralladora de un vigor, dirección e intensidad superiores a cualquiera de nuestras experiencias. Más tarde capturamos a los expertos y descubrimos que eran una unidad de ametralladoras alemana.
Por el momento nos retiramos, desconcertados, y fuimos más allá, hacia un puente tentador. Mi plan era meternos debajo de él en el coche hasta que la bóveda nos permitiera colocar la carga contra el pilar a resguardo. Así que me pasé a un coche blindado, puse sesenta libras de algodón pólvora en el estribo trasero y le dije al conductor que se metiera bajo el arco.
Winterton y Jemil venían detrás en el coche de apoyo.
—Hace mucho calor —se lamentó Jemil—. Va a hacer todavía más calor allí adonde vamos —replicó Winterton, mientras avanzábamos lentamente por un terreno mediocre con proyectiles dispersos cayendo alrededor.
Íbamos abriéndonos paso hacia adelante, a unos cincuenta metros de la orilla, con suficientes balas de ametralladora como para una semana de combates repiqueteando en nuestro blindaje, cuando alguien desde la retaguardia nos tiró una granada de mano.
Esta nueva condición imposibilitaba mi plan de meterme bajo el puente.