De todo peligro prefiero el de tipo solitario.
Sin embargo, llegamos bien a Umtaiye y le informamos a Joyce de nuestro éxito. Le habíamos demostrado a los turcos que aquel aeródromo no servía para ser usado; y Deraa estaba igualmente expuesta a un ataque automovilístico.
Más tarde me recosté a la sombra de un coche y dormí; todos los árabes del desierto, y los aeroplanos turcos que vinieron a bombardearnos, no tuvieron ningún efecto sobre mi paz.
En el choque de los acontecimientos los hombres se volvían febrilmente infatigables: pero hoy habíamos terminado nuestra primera ronda, por fortuna; y era necesario que descansara, para despejar mi mente acerca de nuestros próximos movimientos. Como de costumbre, en cuanto me tumbé caí dormido, y dormí hasta la tarde.
Estratégicamente, nuestro negocio era retener Umtaiye, lo que nos daba el control a voluntad de los tres ferrocarriles de Deraa. Si lo reteníamos otra semana estrangularíamos a los ejércitos turcos, por poco que hiciera Allenby.
Sin embargo, tácticamente Umtaiye era un lugar peligroso. Una fuerza inferior compuesta exclusivamente de tropas regulares, sin una pantalla de guerrilla, no podía retenerlo con seguridad; sin embargo, a eso quedaríamos reducidos en poco tiempo, si nuestra indefensión aérea seguía siendo evidente.
Los turcos tenían al menos nueve aparatos. Estábamos acampados a doce millas de su aeródromo, en pleno desierto, junto a la que era prácticamente la única fuente de agua disponible, con grandes manadas de camellos y muchos caballos paciendo necesariamente a nuestro redor. El inicio de los bombardeos por parte de los turcos había bastado para inquietar a los irregulares, que eran nuestros ojos y oídos. Pronto se