centro estratégico de Oriente Medio nuevos movimientos nacionales de tan desbordante vigor.
Del fanatismo religioso había pocos rastro. El Jerife se negó rotundamente a darle un cariz religioso a su rebelión. Su credo de lucha era la nacionalidad. Las tribus sabían que los turcos eran musulmanes y pensaban que los alemanes eran probablemente amigos verdaderos del islam. Sabían que los británicos eran cristianos y que los británicos eran sus aliados.
En tales circunstancias, su religión no les habría servido de mucho, y la habían hecho a un lado.
«Cristiano combate a cristiano, así que ¿por qué no habrían de hacer lo mismo los mahometanos? Lo que queremos es un Gobierno que hable nuestro propio idioma, el árabe, y que nos deje vivir en paz. Además, odiamos a esos turcos».