inteligencia mejor servido; y a cambio, su perspectiva me mostró que la victoria era segura, viniera lo que viniera para nuestro tenso y pequeño bloque de contención de allí arriba. Aun así, me parecía que en manos árabes residía una opción: dejar que esta victoria fuera una victoria más o, arriesgándose una vez más, hacerla definitiva. No es que, planteada así, fuera una opción real; pero, cuando el cuerpo y el espíritu estaban tan agotados y enfermos como los míos, buscaban casi instintivamente una forma plausible de evitar el camino del peligro.
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CXIII
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