en deferencia al proverbio beduino de que una cabeza desierta denotaba una mente mezquina; y llevaba el brîm, un cinto trenzado de finas tiras de cuero envuelto tres o cuatro veces alrededor de los lomos para ceñir y sostener el vientre. Poseía magníficos caballos y camellos; era considerado el mejor jinete de Arabia: dispuesto a competir con cualquiera.
Shakir me dio la impresión de que prefería un arranque de energía al esfuerzo sostenido: pero tras sus maneras alocadas había equilibrio y perspicacia.
Jerif Husein lo había empleado en embajadas a El Cairo antes de la guerra, para arreglar asuntos privados con el jedive de Egipto. La figura beduina debió de verse extraña en el esplendor de estuco del Abdín.
Abdula sentía una admiración sin límites por Shakir y trataba de ver el mundo con sus ojos de alegre despreocupación. Entre ambos complicaron seriamente mi misión a Wadi Ais.