silencio y el resplandor de los barcos iluminados de un extremo a otro del puerto, con los haces fantasmales de los reflectores revelando la desolación de la pendiente glacis que habrían tenido que cruzar. Así que dieron media vuelta: y esa noche, creo yo, los turcos perdieron la guerra. En lo personal, yo estaba en el Suva, para que no me molestasen, durmiendo por fin de maravilla; así que le estuve agradecido a Dakhil Allah por la prudencia que les inculcó a los turcos, pues por mucho que hubiéramos podido obtener una gloriosa victoria, yo estaba dispuesto a dar mucho más solo por esas ocho horas de descanso ininterrumpido.
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