Dawnay y yo nos sentamos con un mapa y calculamos que Buxton debía marchar desde el Canal hasta Áqaba; de allí, por Rum, para tomar Mudowwara mediante un ataque nocturno; de allí a Bair, para destruir el puente y el túnel cerca de Amán; y de regreso a Palestina el treinta de agosto. Su actividad nos daría un mes tranquilo, en el cual nuestros dos mil nuevos camellos podrían aprender a pacer, mientras transportaban los alijos adicionales de forraje y comida que la fuerza de Buxton esperaría.
Mientras elaborábamos estos planes, llegó desde Ácaba otro más complejo, trazado gráficamente por Young para Joyce, basado en nuestro entendimiento de junio sobre operaciones árabes independientes en Haurán. Habían calculado la comida, la munición, el forage y el transporte para dos hombres de todos los rangos, desde Aba el Lissan hasta Deraa. Habían tomado en consideración todos nuestros recursos y elaborado cronogramas según los cuales los depósitos se completarían y el ataque comenzaría en noviembre.
Aun si Allenby no hubiera reorganizado su ejército, este plan se habría venido abajo por sus propias contradicciones.
Dependía del refuerzo inmediato del ejército árabe en Aba el Lissan, que el rey Hussein se había negado a enviar; además, noviembre estaba demasiado cerca del invierno, con sus caminos fangosos e intransitables en el Haurán.
El tiempo y las fuerzas podían ser cuestiones de opinión: pero Allenby pensaba atacar el diecinueve de septiembre, y quería que empezáramos no más de cuatro ni menos de dos días antes que él. Sus palabras hacia mí fueron que tres hombres y un muchacho con pistolas frente a Deraa el dieciséis de septiembre colmarían sus expectativas; serían mejores que miles una semana antes o una semana después.