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nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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XLII

A las cuatro menos cuarto estábamos en la silla de montar, descendiendo por el uadi Diraa, hacia crestas escarpadas y altas de arena movediza, a veces con una cumbre de áspera roca roja sobresaliendo de ellas.

Al poco rato, tres o cuatro de nosotros, adelantados al grueso principal, trepamos a gatas por un pico de arena para otear el ferrocarril.

No corría aire, y el esfuerzo superaba lo que necesitábamos; pero nuestra recompensa fue inmediata, pues la línea se dejó ver tranquila y de aspecto desierto, sobre una planicie verde en la desembocadura del profundo valle por el que el resto de la compañía marchaba con cautela y las armas preparadas.

Comprobamos la situación de los hombres en el fondo de su estrecha depresión de arena, mientras estudiábamos el ferrocarril. Todo estaba verdaderamente pacífico y desierto, incluso el blocao abandonado situado en un frondoso trecho de hierba alta y maleza entre nosotros y la vía.

Corrimos hasta el borde de la cornisa rocosa, saltamos desde ella hacia la fina arena seca y rodamos en un magnífico descenso hasta detenernos de golpe y con bastantes golpes en el terreno llano junto a la columna.

Montamos para apresurar a nuestros camellos hacia el pastizal y, dejándolos allí, corrimos hacia la vía férrea y llamamos a los demás a gritos.

Esta travesía sin contratiempos fue una bendición, pues Sharraf nos había advertido seriamente sobre las patrullas enemigas de infantería montada en mulas y cuerpos de camellos, reforzadas desde las posiciones atrincheradas por infantería en zorras de vía provistas de ametralladoras.

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