Codal
nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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LXXXV

Sin embargo, yo jugaba con ventaja y me fui por mi cuenta al frente para anticiparme a su decisión. En el camino vi a mi guardia personal, revisando los bienes expuestos para su retirada en las calles y encontrando mucho que les interesaba. Les ordené que recuperasen nuestros camellos y llevaran su ametralladora automáticas Hotchkiss a la orilla norte del desfiladero a toda prisa.

El camino se hundía en un bosquecillo de higueras, nudos de ramas azules y serpenteantes; desnudas, como lo estarían mucho después de que el resto de la naturaleza se hubiera vuelto verde.

Desde allí giraba hacia el este, para serpentear largamente por el valle hasta la cresta. Lo dejé, trepando directamente por los acantilados.

Una ventaja de ir descalzo era una nueva e increíble seguridad sobre la roca cuando las plantas de los pies se habían endurecido a base de dolorosa insistencia, o estaban demasiado frías para sentir aristas y rasguños.

El nuevo camino, a la vez que me calentaba, acortaba también mi tiempo de forma apreciable y, muy pronto, en la cima, hallé un trozo llano y luego una última cresta que dominaba la meseta.

Este último talud recto, con cimientos bizantinos en su interior, parecía muy apropiado para una línea de reserva o de defensa definitiva para Tafila. Por supuesto, aún no teníamos reserva —nadie tenía la menor idea de quiénes ni qué tendríamos en ninguna parte—, pero, si llegábamos a tener a alguien, este era su lugar; y en ese preciso momento los Ageyl personales de Zeid se hicieron visibles, escondiéndose con timidez en una hondonada. Hacerlos mover requería palabras de una fuerza capaz de desenredar sus cabellos trenzados, pero al fin logré que se sentaran a lo largo de la silueta de la Cresta de la Reserva. Eran unos veinte y, desde lejos, se veían hermosos, como «puntas de lanza» de un ejército

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