estaba a unas seis millas de distancia, sus guarniciones se abstuvieron de disparar y se conformaron con tocatas de clarín, tocadas todo el día. La distancia las hacía solemnes y hermosas.
Ni siquiera los disparos de fusil nos hicieron daño; pero el habernos delatado fue una desgracia. En Madahrij había dos hombres, y en Hedia mil cien, y nuestra retirada discurría por la llanura de Hamdh, sobre la cual se alzaba Hedia. Su caballería podía salir en desbandada y cortarnos la retaguardia. Los Juheina tenían buenos camellos, por lo que estaban a salvo; pero la ametralladora era una Maxim alemana con trineo, capturada: una carga pesada para su minúscula mula. Los servidores iban a pie o sobre otras mulas: su velocidad máxima no pasaría de seis millas por hora, y su valor combativo, con una sola pistola, no era alto. De modo que, tras un consejo de guerra, cabalgamos de vuelta con ellos hasta la mitad del camino