Le expliqué a Feisal que el corte que Nasir había hecho en la línea duraría otro mes; y que, después de que los turcos se hubieran desembarazado de él, pasaría un tercer mes antes de que nos atacaran en Aba el Lissan. Para entonces, nuestros nuevos camellos deberían estar listos para ser usados en una ofensiva propia.
Le sugerí que le pidiéramos a su padre, el rey Husein, que trasladara a Áqaba las unidades regulares que en ese momento estaban con Ali y Abdulla. Su refuerzo elevaría nuestras fuerzas a diez mil hombres con uniforme.
Los dividiríamos en tres partes.
- Los inmovilizados constituirían una fuerza de contención para mantener tranquilo a Maán.
- Un millar, sobre nuestros nuevos camellos, atacaría el sector de Deraa a Damasco.
- El resto formaría una segunda expedición, de dos o tres mil infantes, para adentrarse en el territorio de los Beni Sakhr y conectar con Allenby en Jericó.
La incursión montada de larga distancia, al tomar Deraa o Damasco, obligaría a los turcos a retirar de Palestina una división, o incluso dos, para restablecer sus comunicaciones. Al debilitar así al enemigo, le daríamos a Allenby el poder de avanzar su línea, al menos hasta Nablus. La caída de Nablus cortaría la comunicación lateral que hacía fuertes a los turcos en Moab; y se verían obligados a retirarse a Amán, cediéndonos la posesión pacífica del valle del Jordán.