Codal
nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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CXIII

causa de la desconfianza residía en el primer asentamiento, en Taiyibe, que se había visto perturbado por el regreso de los automóviles blindados de Joyce ayer, por algunos incidentes fortuitos y por el temor justificado de que eran el punto más expuesto en nuestra retirada.

Llamé a Aziz y cabalgamos directamente a Taiyibe, sobre tramos escabrosos de lava, sin senderos, y atiborrados de muros de piedra rota.

En la choza del jefe de la aldea estaba sentada la cónclave que había contagiado a nuestros visitantes. Estaban debatiendo a quién enviar para implorar clemencia a los turcos cuando entramos sin anunciarnos. Nuestra llegada en solitario los desconcertó, por lo que tenía de presunción de seguridad suprema.

Hablamos irrelevantemente durante una hora, de cosechas y precios de corral, y bebimos un poco de café; luego nos levantamos para irnos. A nuestra espalda estalló de nuevo el barullo; pero ahora sus ánimos inconstantes habían virado hacia lo que parecía nuestro viento más fuerte, y no enviaron ningún recado al enemigo, aunque al día siguiente fueron bombardeados y cañoneados por tan obstinada complicidad con nosotros.

Volvimos antes del alba y nos estiramos para dormir: cuando se oyó un fuerte estruendo proveniente del ferrocarril, y un obús estalló más allá de nuestra hueste durmiente.

Los turcos habían bajado un tren blindado equipado con un cañón de campaña. Por mí mismo me habría arriesgado a desafiar su puntería, pues mi sueño había durado justito lo necesario para hacerme desear rabiosamente más: pero el ejército había dormido seis horas y estaba en marcha.

Apresuramos el paso por un terreno horrible. Un aeroplano sobrevoló la zona y dio vueltas para ayudar a los artilleros. Los obuses comenzaron a seguir el ritmo exacto de nuestra marcha.

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