Sus propias aventuras habían sido poco lucrativas. Nació en Boreida, y de joven había sufrido a manos del poder civil por su impiedad. Cuando era medio crecido, una desgracia en la casa de una mujer casada le había hecho abandonar su ciudad natal, a toda prisa, y tomar servicio con ibn Saud, emir de Négyed.
En este servicio, sus graves insultos le valieron latigazos y prisión.
En consecuencia, desertó a Kuwait, donde una vez más había hecho de las suyas en el amor.
Tras su liberación, se había trasladado a Hail y se había alistado entre los sirvientes de ibn Rashid, el emir.
Desafortunadamente allí le había tomado tirria a su oficial hasta el punto de agredirlo en público con una vara de camello.
Le devolvieron la moneda con creces; y, tras una lenta recuperación en prisión, se vio de nuevo arrojado al mundo sin amigos.
El ferrocarril del Hiyaz se estaba construyendo, y a sus obras había venido él en busca de fortuna: pero un contratista le recortó el salario por dormir al mediodía. Él respondió recortándole la cabeza al contratista. El Gobierno turco intervino, y la vida se le hizo muy difícil en la prisión de Medina.
Sin embargo, a través de una ventana, llegó a La Meca, y por su probada integridad y su habilidad con los camellos fue nombrado correo postal entre La Meca y Yeda. A este empleo se entregó, dejando a un lado sus locuras juveniles, trayendo a La Meca a su padre y a su madre y montándoles una tienda para que trabajaran para él, con el capital provisto por la comisión de comerciantes y bandidos.
Tras un año de prosperidad fue asaltado, perdiendo su camello y su cargamento. Le embiscaron la tienda como compensación. Del naufragio