Codal
nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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CVII

enemigo podía tomar Aba el Lissan, Guweira, la propia Áqaba, ¡y bienvenido fuera! Nuestras formidables palabras sobre un avance hacia Amán les habían tirado de la lengua —y casi sacado de quicio—, y aquellos inocentes habían salido a contrarrestar nuestra finta. Cada hombre que enviaban al sur era un hombre, o mejor dicho diez hombres, perdidos.

En Azrak encontramos a unos cuantos criados de Nuri Shaalan, y el coche Crossley con un oficial aviador, un mecániko, algunos repuestos y un hangar de lona para los dos aparatos que protegían nuestra concentración. Pasamos nuestra primera noche en su aeródromo y sufrimos por ello. Una mosca camello blindada e imprudente, que mordía como un avispón, nos atacó las partes expuestas hasta la puesta del sol. Luego llegó un alivio bendito cuando el picor amainó con el frescor de la tarde; pero el viento cambió y chaparrones cálidos de polvo salado y cegador nos azotaron durante tres horas. Nos tumbamos y nos cubrimos la cabeza con las mantas, pero no pudimos dormir. Cada media hora teníamos que quitarnos de encima la arena que amenazaba con sepultarnos. A medianoche cesó el viento. Salimos de nuestros nidos sudorosos y nos disponíamos a dormir plácidamente cuando, zumbando, una nube de mosquitos se abalanzó sobre nosotros: contra ellos luchamos hasta el amanecer.

Por consiguiente, al amanecer cambiamos de campamento a la altura de la cresta de Mejaber, a una milla al oeste del agua y a cien pies por encima de los pantanos, expuestos a todos los vientos que soplaban. Descansamos un rato, luego levantamos el cobertizo y más tarde fuimos a bañarnos en el agua plateada. Nos desnudamos junto a las pozas brillantes cuyos flancos y suelo de color blanco perlado reflejaban el cielo con un resplandor lunar. —¡Delicioso! —grité mientras me metía a zambullidas y nadaba. —Pero ¿por qué sigues metiéndote bajo el agua? —preguntó Winterton un

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