repetir mi programa de lo que podríamos hacer razonablemente. Zeid me detuvo: > «Pero eso requerirá mucho dinero». Dije: «En absoluto»: los fondos que teníamos a mano lo cubrirían y más. Zeid respondió que no tenía nada; y cuando lo miré boquiabierto, murmuró con cierta vergüenza que se había gastado todo lo que le había traído. Pensé que estaba bromeando, pero continuó diciendo que se debía tanto a Dhiab, jeque de Tafileh; tanto a los aldeanos; tanto a los Jazi Howeitat; tanto a los Beni
Sólo para una defensa era concebible tal gasto.
Los pueblos mencionados eran elementos centrados en Tafileh, hombres cuyas enemistades de sangre los hacían inservibles para ser empleados al norte del uadi Hesa.
Es verdad que los sherifes, a medida que avanzaban, enrolaban a todos los hombres de cada distrito con un salario mensual: pero se entendía perfectamente que el salario era ficticio, pagadero únicamente si se les requería para el servicio activo.
Feysul tenía a más de cuarenta mil en sus listas de Ákaba, mientras que la totalidad de su subsidio procedente de Inglaterra no alcanzaría para pagar a diecisiete mil. Los salarios de los demás se debían nominalmente y a menudo se reclamaban, pero no constituían una obligación legal.
Sin embargo, Zeid dijo que se los había pagado.
Me quedé consternado; pues esto significaba la ruina completa de mis planes y esperanzas, el colapso de nuestro esfuerzo por cumplir nuestra palabra con Allenby. Zeid se mantuvo en su trece de que el dinero se había acabado por completo. Después fui a averiguar la verdad con Nasir,