Despertar el entusiasmo de la guerra para crear un espíritu militar en tiempos de paz sería peligroso, como dopar demasiado pronto a un «atleta». En consecuencia, la disciplina, con su concomitante «elegancia» (una palabra sospechosa que implica contención superficial y dolor), fue inventada para ocupar su lugar.
El ejército árabe, nacido y criado en la línea de fuego, jamás había conocido un hábito de paz, y no se enfrentó a problemas de mantenimiento hasta la época del armisticio: entonces fracasó estrepitosamente.