Maulud, el viejo veterano de mil batallas, subió con su regimiento montado en mulas y se instaló entre las famosas ruinas de Petra. Los envalentonados liathena, bajo las órdenes de su jeque tuerto, Jalil, comenzaron a hacer incursiones por la meseta y a capturar de dos en dos o de tres en tres los animales de silla o de transporte turcos, junto con los rifles de sus ocasionales custodios. Esto continuó durante semanas, mientras los irritados turcos se enfurecían cada vez más.
También podríamos importunar a los turcos pidiéndole al general Salmond su prometido bombardeo aéreo de largo alcance sobre Maan. Como era difícil, Salmond había elegido a Stent, junto con otros pilotos experimentados de Rabegh o Wejh, y les había ordenado que hicieran lo posible.
Tenían experiencia en aterrizajes forosos en superficies desérticas y sabían localizar un destino desconocido a través de colinas sin cartografiar: Stent hablaba un árabe perfecto. El vuelo tenía que ser autosuficiente, pero su comandante estaba lleno de recursos y ostentación, como esos manojos de nervios que, para castigarse a sí mismos, hacen cosas escandalosas.
En esta ocasión ordenó volar a baja altura para asegurar el blanco; y sacó provecho al llegar a Maan y arrojar treinta y dos bombas dentro y en los alrededores de la estación desprevenida.
- Dos bombas en los cuarteles mataron a treinta y cinco hombres e hirieron a cincuenta.
- Ocho alcanzaron el cobertizo de las locomotoras, dañando gravemente las instalaciones y el material rodante.
- Una bomba en la cocina del general acabó con su cocinero y su desayuno.
- Cuatro cayeron en el aeródromo.
A pesar de la metralla, nuestros pilotos y motores regresaron sanos y salvos a su terreno de aterrizaje provisional en Kuntilla, sobre Áqaba.