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nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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LVIII

cierto Mahoma, quien en persona era el Aga Khan. Creían que él era un soberano grande y maravilloso, que honraba a los ingleses con su amistad. Evitaban a los musulmanes, pero ocultaban débilmente sus bestiales opiniones bajo un barniz de ortodoxia.

Más allá se encontraban las extrañas visiones de aldeas de árabes tribales cristianos, bajo el mando de jeques. Parecían cristianos muy recios, muy distintos de sus llorones hermanos de las colinas.

Vivían como los suníes que los rodeaban, se vestían como ellos y mantenían las mejores relaciones con ellos.

Al este de los cristianos se extendían comunidades musulmanas semipastoriles; y en el último linde del terreno cultivado, algunas aldeas de proscritos ismailíes, en busca de la paz que los hombres les negaban. Más allá estaban los beduinos.

Una tercera sección a través de Siria, un grado más abajo, caía entre Trípoli y Beirut.

Primero, cerca de la costa, estaban los cristianos del Líbano; en su mayoría maronitas o griegos. Era difícil desentrañar la política de ambas Iglesias.

Superficialmente, una debió de ser francesa y otra rusa; pero una parte de la población, para ganarse la vida, había estado en los Estados Unidos, y allí había desarrollado una vena anglosajona, no menos vigorosa por ser espuria.

La Iglesia griega se enorgullecía de ser la antigua siria, autóctona, de un intenso localismo que podía aliarla con Turquía antes que soportar la dominación irremediable de una potencia romana.

Los adherentes de ambas sectas coincidían en la difamación desmedida, cuando se atrevían, de los mahometanos. Tal desprecio verbal parecía

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