a la tropa árabe en su convicción de que su pasado era más espléndido que el presente del turco otomano.
Yet we knew that these were dreams. Arab Government in Syria, though buttressed on Arabic prejudices, would be as much “imposed” as the Turkish Government, or a foreign protectorate, or the historic Caliphate.
Syria remained a vividly coloured racial and religious mosaic. Any wide attempt after unity would make a patched and parcelled thing, ungrateful to a people whose instincts ever returned towards parochial home rule.
Nuestra excusa para pisotear la conveniencia fue la Guerra. Siria, madura para una revuelta local y espasmódica, podía ser incitada a la insurrección si surgía un nuevo factor que ofreciera hacer realidad ese nacionalismo centrípeto de los cicolopedistas de Beirut, para frenar a las sectas y clases en disputa. El factor debía ser novedoso, para evitar despertar celos hacia sí mismo: no extranjero, ya que la vanidad de Siria lo prohibía.