Codal
nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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XXXIV

edificio negro hasta que volvía a sonar el clarín: entonces se dispersaban y, al cabo de unos minutos, se elevaba el humo de las hogueras para cocinar. Un rebaño de ovejas y cabras al cuidado de un muchacho harapiento salió hacia nosotros. Antes de llegar al pie de las colinas, se oyó un fuerte silbido que bajaba por el valle desde el norte, y un tren diminuto, sacado de un libro ilustrado, apareció lentamente a la vista cruzando el puente que resonaba sobre el hondo y se detuvo justo a las afueras de la estación, exhalando nubecillas blancas de vapor.

El muchacho pastor seguía firme, arreando a sus cabras con gritos agudos monte arriba hacia los mejores pastos del lado oeste.

Mandamos a dos juheina detrás de una loma fuera de la vista del enemigo, y corrieron por ambos flancos y lo atraparon. El muchacho era de los heteym marginados, parias del desierto, cuyos pobres niños solían ser contratados como pastores por las tribus de su alrededor.

Este lloraba sin cesar e intentaba escapar cada vez que veía a sus cabras vagar descuidadas por el monte. Al final los hombres perdieron la paciencia y lo ataron rudamente, tras lo cual gritó aterrorizado pensando que lo matarían.

Fauzan tuvo mucho trabajo para calmarlo y luego le preguntó por sus amos turcos. Pero todos sus pensamientos estaban en el rebaño: sus ojos los seguían con tristeza mientras las lágrimas trazaban surcos cortantes y torcidos por su cara sucia.

Los pastores eran una clase aparte. Para el árabe ordinario, el hogar era una universidad por la que pasaba su mundo y donde escuchaba la mejor conversación, las noticias de su tribu, sus poemas, historias, relatos de amor, pleitos y regateos.

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