pendientes no eran demasiado escarpadas para subir. En el centro, por donde pasaba el camino, había habido dos pequeños recintos a modo de corrales. Le pregunté a Khallaf cuál era el propósito del muro. Él respondió que había estado en Damasco, en Constantinopla y en el Cairo, y que tenía muchos amigos entre los grandes hombres de Egipto. ¿Conocía yo a alguno de los ingleses que había allí? Khallaf parecía curioso acerca de mis intenciones y mi pasado. Intentó atraparme con frases egipcias. Cuando le respondí en el dialecto de Alepo, habló de destacados sirios de su conocimiento; yo también los conocía, y él desvió la conversación hacia la política local, haciendo preguntas cautelosas, sutil e indirectamente, sobre el Jerife y sus hijos, y sobre lo que pensaba hacer Feisal. Yo entendía de todo esto menos que él y lo eludí con respuestas inconsecuentes. Tafas vino en mi auxilio y cambió de tema. Más tarde supimos que Khallaf estaba a sueldo de los turcos y solía enviar frecuentes informes de lo que pasaba por Bir ibn Hassani con destino a las fuerzas árabes.
Table of Contents
XI
102