Para consolarlo, le hice ver que ahora no significaba nada para nosotros. Los dos puntos de interés eran los extremos de su zona, Amán y Maán. Tafila no valía la pena como para perder un solo hombre por ella; es más, si los turcos se trasladaban allí, debilitarían Maan o Amán, y facilitarían nuestro verdadero trabajo.
Él se sintió un poco consolado por esto, pero envió urgentes advertencias a Zeid sobre el peligro inminente: en vano, pues seis días después los turcos reconquistaron Tafileh.
Mientras tanto, Faisal reorganizó las bases de los fondos de su ejército. Le di la buena noticia de que Allenby, en agradecimiento por el mar Muerto y Aba el Lissan, había depositado trescientos mil libras en mi crédito independiente y nos había regalado un tren de setecientos camellos de carga con su correspondiente personal y equipo.
Esto causó gran alegría en todo el ejército, pues las columnas de bagaje nos permitirían demostrar en el campo el valor de las tropas regulares árabes en cuyo entrenamiento y organización habían trabajado durante meses Joyce, Yaafar y tantos oficiales árabes e ingleses. Organizamos planes y horarios aproximados; luego volví zarpar afanosamente hacia Egipto.