Los howeitat me contaron que durante toda su vida había vagado entre ellos gimiendo cosas extrañas, sin distinguir el día de la noche, sin preocuparse por la comida, el trabajo o el refugio. Todos le daban limosna por considerarlo un desdichado; pero nunca respondía una palabra ni hablaba en voz alta, excepto cuando andaba por ahí a solas o solo entre las ovejas y las cabras.
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