Para nuestra segunda parte, el asunto de Deraa, tuvimos que planificar un ataque en toda regla. Como medida preliminar, determinamos cortar la línea cerca de Amán, impidiendo así que Amán reforzara Deraa y manteniendo su convicción de que nuestra finta contra ella era real. Me pareció que (con egipcios para realizar la destrucción propiamente dicha) esta medida preliminar podía ser emprendida por los gurkhas, cuya separación no distraería a nuestro cuerpo principal de su propósito principal.
Este propósito principal era cortar los ferrocarriles en el Haurán y mantenerlos cortados durante al menos una semana; y parecía haber tres formas de hacerlo.
- La primera era marchar al norte de Deraa hacia el ferrocarril de Damasco, como en mi cabalgada con Tallal en el invierno, cortarlo; y luego cruzar hacia el ferrocarril del Yarmuk.
- La segunda era marchar al sur de Deraa hacia el Yarmuk, como con Alí ibn el Husein en noviembre de 1917.
- La tercera era lanzarse directamente contra la ciudad de Deraa.
El tercer plan solo podría llevarse a cabo si la Fuerza Aérea prometía un bombardeo diurno de la estación de Deraa tan intenso que su efecto equivaldría al de un bombardeo de artillería, lo que nos permitiría arriesgarnos a lanzar un ataque contra ella con nuestros pocos hombres.
Salmond esperaba poder hacerlo; pero dependía de cuántos aparatos pesados recibiera o montara a tiempo. Dawnay volaría hasta nosotros aquí con su última palabra el once de septiembre. Hasta entonces consideraríamos los planes de igual valor a nuestro juicio.
De nuestros refuerzos, mi guardia personal fue la primera en llegar, avanzando al trote por el uadi Sirhan el nueve de septiembre: felices, más gordos que sus gordos camellos, descansados y divertidos tras su mes de festines con los rualla.