Después de las conversaciones de paz pudimos ponernos de nuevo a trabajar con limpieza. Joyce y yo decidimos hacer otra de nuestras excursiones conjuntas en coche, esta vez a Azrak, para abrir camino hasta Deraa. Por consiguiente, fuimos hasta Jefer para encontrarnos con el victorioso Cuerpo de Camellos, que apareció deslizándose, en magnífico estado y con aspecto formal, a través de la llanura reluciente justo antes del atardecer, oficiales y hombres encantados con su éxito en Mudowwara y con su libertad respecto a órdenes y restricciones en el desierto. Buxton dijo que estaban preparados para ir a cualquier parte.
Descansarían dos noches y retirarían cuatro días de raciones de su reserva, dispuestas debidamente cerca de la tienda de Auda por cuenta de Young.
En consecuencia, al día siguiente, temprano, Joyce y yo subimos a nuestro tender, con el ingenioso Rolls como conductor, y llegamos sin dificultad al uadi Bair, en cuyos pozos se encontraba Alwain, pariente de Auda, un hombre de mejillas tersas, oprimprimido y silencioso; oculto, para poseerse a sí mismo en paz lejos de Auda.
Nos detuvimos solo unos minutos para acordar con él la seguridad de los hombres de Buxton; y luego salimos conduciendo, con un sherari joven y muy salvaje para que nos ayudara a encontrar el camino. Su adiestramiento de camellos no lo preparaba para elegir la ruta de un coche blindado de cinco toneladas: pero el hecho de que conociera la pista podría servir a otros coches que subieran solos más tarde.
La meseta de Erha era fácil de transitar, con sus aberturas de pedernal intercaladas con lechos de barro seco; y devoramos las rápidas millas hacia las cabeceras poco profundas del uadi Jinz, bien pobladas de pastos.