se dieron cuenta de que era aquel implacable hijo de la guerra, les faltó el valor y, una hora más tarde, el Jerife Nasir en la casa consistorial tomaba té con su huésped, el Gobernador turco, intentando consolarlo por el repentino cambio de fortuna.
Al anochecer llegó Mastur a caballo. Su Motalga miró con recelo a sus enemigos de sangre, los Abu Tayi, que holgazaneaban en las mejores casas. Los dos jerifes se dividieron el lugar para mantener separados a sus indisciplinados seguidores. Tenían poca autoridad para mediar, pues con el transcurso del tiempo Nasir casi había sido adoptado por los Abu Tayi, y Mastur por los Jazi.
Al llegar la mañana las facciones andaban disputando; y el día transcurrió con ansiedad; pues además de estos enemigos de sangre, los Muhaisin luchaban por la autoridad entre los aldeanos, y surgieron mayores complicaciones con dos elementos extraños:
- uno, una colonia de Senusíes merodeadores procedentes del norte de África, a quienes los turcos habían metido a la fuerza en unas tierras de labranza ricas pero medio abandonadas;
- el otro, un arrabal doliente y activo de mil armenios, supervivientes de una infame deportación llevada a cabo por los Jóvenes Turcos en 1915.