Codal
nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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CXVII

maldiciones, se cruzó en su camino y le metió tres balas de su pistola automática en el pecho desnudo. La sangre salió a borbotones con los latidos de su corazón, latido, latido, latido, cada vez más lentos.

Tallal había visto lo que nosotros habíamos visto. Dio un gemido como el de un animal herido; luego subió al terreno elevado y se quedó allí un momento sobre su yegua, temblando y mirando fijamente a los turcos.

Me acerqué para hablarle, pero Auda me agarró de la brida y me detuvo. Muy lentamente, Tallal se cubrió el rostro con el pañuelo de la cabeza; y entonces pareció cobrar conciencia de sí mismo de repente, pues clavó los estribos en los ijares de la yegua y galopó desesperado, inclinándose y balanceándose en la silla, directo hacia el grueso del enemigo.

Fue un largo descenso por una suave pendiente y a través de un hondonada. Nos quedamos allí como estatuas mientras él avanzaba a toda carrera, con el redoble de sus casco resonando en nuestros oídos de forma antinatural, pues habíamos dejado de disparar y los turcos también.

Ambos ejércitos lo esperaban; y él continuó meciéndose en la tarde silenciosa hasta quedar a pocos metros del enemigo. Entonces se incorporó en la silla de montar y lanzó su grito de guerra, «Tallal, Tallal», dos veces con un grito tremendo.

Al instante, sus rifles y ametralladoras rompieron a fuego, y él y su yegua, acribillados a balazos de parte a parte, cayeron muertos entre las puntas de las lanzas.

Auda parecía muy frío y sombrío. > «Dios le tenga piedad; nosotros cobraremos su precio». Sacudió las riendas y avanzó lentamente tras el enemigo. Llamamos a los campesinos, ahora borrachos de miedo y de sangre, y los enviamos por un lado y por otro contra la columna en

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