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nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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CV

Los hombres gimieron de decepción al oír el cambio. Habían puesto su orgullo en esta larga incursión, y se morían de ganas de decirle al escéptico Egipto que su programa se había cumplido al pie de la letra.

Para conseguir lo que pudiéramos, envié a Saleh y a los otros jefes a engatusar a su gente con grandes rumores sobre nuestro número y nuestra llegada como el reconocimiento del ejército de Feisal, para tomar Amán por asalto en la luna nueva.

Esta era la historia que los turcos temían conocer: la operación que imaginaban: el golpe que padecían en sueños. Desplegaron caballería con cautela en Muaggar y hallaron confirmación de los desatinados cuentos de los aldeanos, pues la cima estaba sembrada de latas de carne vacías y las laderas del valle surcadas por las profundas huellas de enormes automóviles.

¡Había muchísimas huellas! Esta alarma los detuvo y, a un precio incruento para nosotros, los mantuvo titubeando durante una semana. La destrucción del puente nos habría ganado una quincena.

Esperamos a que la oscuridad fuera espesa y luego cabalgamos hacia Azrak, a cincuenta millas de distancia. Fingimos que la incursión se había convertido en una excursión y hablamos de vestigios romanos y de cazaderos gasánidas.

El Cuerpo de Camellos tenía la costumbre, casi un hábito, de hacer viajes nocturnos, de modo que su marcha era como la del día, y las unidades nunca se desviaban ni perdían el contacto.

Había una luna brillante y marchamos hasta que palideció por la mañana, pasando junto al solitario palacio de Kharaneh hacia la medianoche, demasiado indiferentes para desviarnos a ver su rareza. Parte de la culpa la tenía la luna, cuya blancura dejó nuestras mentes tan congeladas y sin sombras como ella misma, de modo que nos quedábamos quietos en las monturas, simplemente quietos.

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