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nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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LXXIX

Por fin el cielo se convirtió por completo en lluvia, y nadie pudo acercarse a nosotros. En la soledad aprendimos la absoluta desventaja de estar prisioneros dentro de aquellos lúgubres, antiguos y destartalados palacios sin argamasa.

Las lluvias se colaban por el grosor de los muros y brotaba agua en las habitaciones por sus rendijas. Pusimos balsas de ramas de palma para mantenernos alejados del suelo anegado, las cubrimos con esteras de fieltro y nos acurrucamos sobre ellas bajo pieles de oveja, con otra estera encima a modo de escudo para repeler el agua.

Hacía un frío helado mientras nos ocultábamos allí, inmóviles, desde la turbia luz del día hasta la oscuridad, con nuestras mentes como suspendidas dentro de aquellos macabros muros, a través de cuyas aspilleras la niebla penetrante fluía como un estandarte blanco.

El pasado y el futuro fluyeron sobre nosotros como un río sin remolinos. Soñamos adentrándonos en el espíritu del lugar; asedios y banquetes, incursiones, asesinatos, cantos de amor en la noche.

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