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nydus/Seven Pillars of WisdomPublic
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XXIX

La vida en Wejh era interesante. Ya habíamos ordenado nuestro campamento. Faisal levantó sus tiendas (aquí un grupo opulento: tiendas de estar, de recepción, del estado mayor, de invitados, de sirvientes) a una milla más o menos del mar, en el borde de la plataforma de coral que ascendía suavemente desde la playa hasta terminar en un empinado desfiladero orientado al este y al sur sobre amplios valles que irradiaban como estrellas desde el puerto protegido.

Las tiendas de los soldados y los hombres de las tribus se agruparon en estos valles arenosos, dejándonos a nosotros las frías alturas; y los norteños la encontrábamos muy agradable por las tardes, cuando la brisa del mar nos traía un murmullo de olas, débil y lejano, como el eco del tráfico en una calle secundaria de Londres.

Inmediatamente debajo de nosotros estaban los ageyl, un grupo irregular y apretado de tiendas. Al sur de estas se hallaban la artillería de Rasim y, hacíendole compañía, los ametralladores de Abdulla, en líneas regulares, con sus animales estacados en esas filas formales que eran incienso para el oficial profesional y convenían si el espacio era escaso. Más afuera, el mercado se disponía llanamente sobre el suelo, con un oleaje hirviente de gente siempre en torno a las mercancías. Las tiendas y los refugios dispersos de los hombres de las tribus llenaban cada barranco o rincón sin viento. Más allá del último de ellos se extendía el campo abierto, con partidas de camellos que entraban y salían junto a las palmeras desvencijadas del pozo más cercano y demasiado salobre. Como telón de fondo estaban las

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