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nydus/The Call of the WildPublic
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VII. El sonido de la llamada

Pero el lobo huyó al verlo. Él lo persiguió con saltos desaforados, en un frenesí por alcanzarlo. Lo arrinconó en un callejón sin salida, en el lecho del arroyo, donde un atascamiento de troncos le bloqueaba el paso. El lobo dio media vuelta, girando sobre sus patas traseras al estilo de Joe y de todos los perros esquimales acorralados, gruñendo y erizado, castañeando los dientes en una sucesión rápida y continua de chasquidos.

Buck no atacó, sino que lo rodeó y lo acorraló con muestras amistosas de acercamiento. El lobo desconfiaba y temía; pues Buck lo triplicaba en peso, mientras que su cabeza apenas llegaba al hombro de Buck.

Aprovechando su oportunidad, se dio a la fuga y la persecución se reanudó. Una y otra vez fue arrinconado y la escena se repitió, aunque estaba en mal estado, o Buck no lo habría alcanzado con tanta facilidad.

Corría hasta que la cabeza de Buck quedaba a la altura de su ijar, momento en el que se volvía para plantarle cara, solo para huir de nuevo a la primera oportunidad.

Pero a la larga la pertinacia de Buck se vio recompensada; pues el lobo, al ver que no se le pretendía hacer ningún daño, terminó por hocico a hocico con él.

Luego se hicieron amigos y jugaron de esa manera nerviosa y medio esquiva con la que las fieras desmienten su fiereza.

Tras un buen rato de esto, el lobo emprendió la marcha a un trote cómodo y de un modo que mostraba claramente que iba a alguna parte. Le dejó claro a Buck que debía acompañarlo, y corrieron codo a codo a través de la sombría penumbra, remontando directamente el lecho del arroyo, hacia el desfiladero del que emergía y a través de la desolada divisoria de aguas donde nacía.

En la vertiente opuesta de la divisoria de aguas descendieron a un país llano donde había grandes extensiones de bosque y muchos arroyos, y a

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