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nydus/The Call of the WildPublic
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VII. El sonido de la llamada

virtud de su propia fuerza y destreza, sobreviviendo triunfalmente en un entorno hostil donde solo los fuertes sobrevivían. Debido a todo esto, se adueñó de él un gran orgullo por sí mismo, que se contagió a su ser físico. Se anunciaba en cada uno de sus movimientos, era evidente en el juego de cada músculo, hablaba tan claro como la palabra en su porte y hacía que su glorioso pelaje fuera, si cabe, aún más glorioso. A no ser por el tono marrón disperso en su hocico y sobre sus ojos, y por la mancha de pelo blanco que descendía por el centro de su pecho, bien habría podido ser confundido con un lobo gigantesco, más grande que el mayor de su especie. De su padre San Bernardo había heredado el tamaño y el peso, pero fue su madre pastora la que había dado forma a ese tamaño y peso. Su hocico era el largo hocico de lobo, salvo que era más grande que el hocico de cualquier lobo; y su cabeza, algo más ancha, era la cabeza de lobo a escala masiva.

Su astucia era astucia de lobo y astucia salvaje; su inteligencia, inteligencia de pastor y de San Bernardo; y todo esto, sumado a una experiencia adquirida en la más feroz de las escuelas, hacía de él una criatura tan formidable como cualquiera de las que deambulaban por la salvaje naturaleza.

Animal carnívoro alimentado a base estrictamente de carne, se encontraba en su pleno esplendor, en la cresta de la ola de su vida, desbordante de vigor y virilidad.

Cuando Thornton pasaba una mano acariciadora por su lomo, un chasquido y un crujido seguían a la mano, descargando cada pelo su magnetismo acumulado al contacto.

Cada parte, cerebro y cuerpo, tejido nervioso y fibra, estaba afinada al grado más exquisito; y entre todas las partes existía un perfecto equilibrio o ajuste.

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