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nydus/The Call of the WildPublic
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VII. El sonido de la llamada

A los panoramas, los sonidos y los acontecimientos que exigían una acción, respondía con rapidez fulminante.

Tan rápido como un perro esquimal podía saltar para defenderse de un ataque o para atacar, él podía saltar dos veces más rápido.

Veía el movimiento, o escuchaba el sonido, y respondía en menos tiempo del que le habría tomado a otro perro meramente ver u oír. Percibía, decidía y respondía en el mismo instante.

De hecho, las tres acciones de percibir, decidir y responder eran sucesivas; pero los intervalos de tiempo entre ellas eran tan infinitesimales que parecían simultáneas.

Sus músculos rebosaban vitalidad y se ponían en acción con rapidez, como resortes de acero.

La vida fluía a través de él en una marea espléndida, alegre y desenfrenada, hasta el punto de parecer que iba a hacerle estallar en mil pedazos de pura éxtasis y a desbordarse generosamente sobre el mundo.

—Jamás hubo un perro igual —dijo un día John Thornton mientras los socios veían a Buck alejarse del campamento.

—Cuando lo hicieron, rompieron el molde —dijo Pete.

“¡Por zafa! Eso mismo pienso yo”, afirmó Hans.

Lo vieron marchar fuera del campamento, pero no vieron la instantánea y terrible transformación que tuvo lugar tan pronto como estuvo dentro de la espesura del bosque. Ya no marchaba. Al instante se convirtió en una criatura salvaje, deslizándose con suavidad, con pasos de gato, una sombra fugaz que aparecía y desaparecía entre las sombras.

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